NAZIS EN CARTAGENA

NAZIS EN CARTAGENA

       María Oliva Gutiérrez, así se llamaba la cartagenera que contrajo matrimonio con Enrique Carlos Fricke, cónsul alemán en la ciudad de Cartagena. Con dirección según el catastro “en el número 33 de la Muralla del Mar. Un solar ocupa 691 metros cuadrados estando construidos 984 y constando de planta baja y dos pisos. En el perímetro existe un huerto con palmeras”. En la planta baja se encontraba el consulado, y los dos pisos superiores la vivienda.

      Karl Fricke y María Oliva fueron en los años 20 la pareja más conocida en los círculos económicos e intelectuales de la ciudad. Raro era el acto público donde no aparecía al menos uno de los dos destacando de una u otra forma, asidos del brazo de las autoridades y controlando la situación de toda la sociedad cartagenera. Pero los malos tiempos llegaron. La guerra civil española y después, la segunda guerra mundial.
Fruto de ello, un hijo llamado Carlos Fricke Oliva. Quien falleció en el frente de Rusia en 1944 a la edad de solo 19 años. El cargo de su padre y el orgullo de servir a la patria paterna. Un intento desesperado y en vano por parte de su madre de que éste no fuese a la guerra.

       Fricke, llegó a Cartagena en 1916 por negocios. Dedicado a la venta de maquinaria alemana, productos químicos para las minas. Aunque finalmente, maquinador político en provecho de Alemania, un eslabón importante dentro de la cadena de espías y militares que desarrollaron un importante papel en la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial.

       Cónsul y espía. Ya que pasaba todo tipo de información a su país para el control del mar Mediterráneo. Los buques alemanes unas veces recibían mensajes cifrados durante la noche mediante señales luminosas, y otras mediante radio. Todo tipo de información, desde las mercancías de barcos que entraban y salían del puerto de Cartagena con destino a Francia o Inglaterra, como posiciones.

         Tal fue la presencia de esa “red de espías”, se habla de cerca del millar de cartageneros ,e influencia política que estuvo protegida por autoridades militares y civiles, quienes recibieron las cruces de la Orden del Águila Alemana del III Reich, como José de la Figuera Calín, marqués de Fuente El Sol, nombrado alcalde en 1941, y el almirante Bastarreche.
Tal protección y seguridad le permitió controlar la Marina, el Arsenal y la política de la ciudad al servicio de su nación. Manejó desde el contrabando a la obtención de información para destruir buques ingleses durante la I Guerra Mundial, atentando contra la soberanía española y la neutralidad en aquella contienda.

       La influencia alemana era tal que los hijos de las élites cartageneras fieles al régimen de Franco asistían al Colegio Alemán y las simientes de las patatas que se cultivaban en el Campo de Cartagena o en la huerta de Murcia procedían de esta nación centroeuropea. La Alemania nazi y la Italia fascista ayudaron en la Guerra Civil al llamado bando nacional, y la aviación alemana bombardeó nuestra ciudad

      

      Algunos historiadores, dicen que los alemanes utilizaron el puerto de Cartagena como base submarina del Mediterráneo, dando apoyo al contingente de submarinos y barcos que penetraron por el Estrecho de Gibraltar entre 1941 y 1944 para plantar batalla a las fuerzas aliadas. Su objetivo fundamental, tal como recuerda el doctor Costa, era romper el suministro de material, armas y provisiones al ejército británico que combatía al Afrika Korps de Erwin Rommel en el Norte de África. Los nazis llamaban La Ratonera al Mare Nostrum porque sus peculiares características obligaban a entrar por el Peñón de Gibraltar a los buques y sumergibles alemanes, navegando éstos en superficie. Ello los convertía en blanco fácil de las baterías de tierra y las patrullas -aéreas y marítimas- británicas. 

Los pilotos de Hitler que descansan en el cementerio de la Almudena

          En 1942, siete miembros de la Legión Cóndor fueron enterrados «envueltos en la bandera española, con la cruz gamada y sobre ellos el casco de campaña», según narra la crónica de ABC.

          Un rectángulo de unos cuarenta metros, ubicado a espaldas de la capilla del cementerio de la Almudena, es el último reducto de la Legión Cóndor en Madrid. En tal espacio descansan los restos de ocho pilotos de la aviación nazi que, durante la Guerra Civil, combatieron junto al Ejército Nacional desde el cielo de la capital. «Envueltos en la bandera española, con la cruz gamada y sobre ellos el casco de campaña» recibieron sepultura, según la crónica de ABC, el 3 de julio de 1942.         

           Los nombres de Heinz Lignitz, Joseff Ullmann, Johann Seitz, August Heyer, Leo Falck, Georg Übelhack, Walter Brotzmann y Helmut Felix Bolz -superviviente del conflicto y enterrado junto a sus compañeros en 1967 por deseo propio-, personalizan unas lápidas que, objeto de interesadas y polarizadas consideraciones, resisten al tiempo y a la controversia ideológica que suscitan.

     Fondo fotográfico Casaú, mal referenciada en casi todas las veces que ha sido publicada. Fue tomada el 6 de noviembre de 1941. El lugar fue Capitanía General de la Base Naval de Cartagena (no en el domicilio del cónsul Fricke). Aparecen distintos mandos militares, totalmente identificables, (no el General López Pinto).

NOTICIA PRENSA
LA OPNNIÓN DE MURCIA – 28 marzo 2012
Un Pesquero de Torrevieja ´captura´ un torpedo nazi

       Las redes de arrastre del barco atraparon el G-7 de cuatro metros, sin carga explosiva  

         El pesquero de arrastre ´Nuevo Pedro y Loli´ se hizo ayer con una captura especial: Un torpedo tipo G-7, de fabricación alemana, datado en la II Guerra Mundial, sin carga explosiva. Fue en aguas de Cartagena, a unas cuatro millas de la Isla Grosa y Cabo Palos, muy frecuentadas por los arrastreros con base en Torrevieja. Pedro Carmona, patrón de la embarcación es experto ya en estas lides. Hace cuatro años, desembarcó en la lonja otra pieza de similares características. Ayer explicaba que no pudo dejar el torpedo donde estaba –lo más prudente para el común de los mortales–. Una vez atrapado en las artes de pesca y en superficie el viento de levante impedía cortar los cabos de las redes sin peligro de que el armazón de acero, de casi cuatro metros, chocara contra el casco del barco. Así que decidió embarcarlo a la nave con la grúa.

        «El motor comenzó a calentarse. Al principio pensamos que era una pieza de hormigón y luego vimos lo que vimos», indicó Carmona. Cuando llegó a puerto, se desembarcó el pescado de la jornada –lo primero es lo primero– y el grupo de especialistas en desactivación de explosivos del centro de buceo de la Armada de Cartagena se encargaron de certificar que se trataba de la sección inerte del torpedo –los originales portaban 300 kilos de TNT–. También había perdido el sistema de propulsión, que le daba una longitud de inicial de 7 metros y un peso de 800. La Guardia Civil estableció un perímetro de protección «por si las moscas» ante los pescadores, medios de comunicación y curiosos que se arremolinaban en torno al descubrimiento.

      El G-7 era un arma fabricada por la Alemania nazi, empleado por los temidos submarinos alemanes U-Boot, aunque también podía ser armado por embarcaciones en superficie y utilizados en ejercicios militares de adiestramiento. El capitán marítimo de Torrevieja, Óscar Villar y el Subteniente de la Comandancia de Naval de Alicante, Antonio Martínez Guirao apuntaban ayer la posibilidad de que hubiera sido empleado en fuego real, algo que está documentado históricamente en aguas de Cartagena o que procediera de las naves de la Armada Española en ejercicios militares. Se inclinaban más por la primera hipótesis, ya que el armamento utilizado en adiestramiento cuenta con dispositivos para reflotarlos. La pieza de ayer, que presentaba un deterioro evidente, va a ser analizada en Cartagena.

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