EL CRIMEN DE LA CALLE DE LA PIEDRA

EL CRIMEN DE LA CALLE DE LA PIEDRA

        En esta ocasión quiero adentrarme en la crónica negra de Cartagena. Una ciudad que durante su historia ha sido testigo de grandes batallas, asedios, epidemias, asesinatos, linchamientos y un largo etc … Aunque es esta ocasión me centraré en el primer cuarto del S.XX con un crimen sin resolver que mantuvo en vilo a toda la ciudad durante un largo tiempo.   

       Retrocedemos en el tiempo hasta la mañana del 7 de octubre de 1926. EL Molinete, hoy día desaparecido por completo. Un barrio de clase obrera y humilde plagado de cafés cantantes, prostíbulos y casinos, recuerdo del gran esplendor minero ahora ya en decadencia. Éste fue el escenario del crimen de “La Calle de la Piedra”, como fue conocido.

    

         Los vecinos alertados por el hedor que procedía de la casa del nº1 de la calle de la Piedra alertaron a las autoridades, las cuales se personaron en el lugar. Varios vecinos ponían también de manifiesto la ausencia del propietario de la misma, Julio Castillo Calderón. Un conocido prestamista de la época pero aún más conocido por la gran fortuna que este poseía y sus trasnoches de borracheras y prostitutas.

        Las autoridades tuvieron que derribar la puerta tras varios intentos fallidos de llamada. Una imagen dantesca fue la que se encontraron tras ella, el cadáver de Julio, ya en descomposición con un lazo en el cuello y bañado en su propio charco de sangre.

       El oficial Canales y el alguacil Ricon fueron los encargados de realizar las primeras indagaciones dando parte al juez de instrucción nº1, Julián Fournier, que junto al secretario judicial Álvarez Catellanos abrieron diligencias en el lugar del crimen.

        La noticia del asesinato de Julio Castillo corrió como la pólvora por el barrio y toda la ciudad creando una gran conmoción en la población. “Estrangulación por lazo con lesiones varias y evidencias de lucha” así fue como determinaron los médicos forenses Campos y Gutiérrez la muerte de Julio.

        La unidad antropomórfica examinó todo tipo de huellas en la escena del crimen que hasta una de las propias ventanas de la casa fue llevada a un laboratorio para un examen más exhaustivo.

       Seis personas fueron imputadas y trasladadas a la cárcel de San Antón. Las seis que compartieron las últimas horas de Julio el mismo día de su asesinato. Juan Navarro “El Botero”, José Mellida “El Lorquino” y su esposa, Fernando Gómez “El Gómez” y otros dos hombres apellidados Fernández y Madrid.

       Tras los interrogatorios y declaraciones quedó en que:
“ La noche del crimen, Julio, junto al Lorquino, Gómez y el Botero, estuvieron toda la noche de juerga. Primero en el bar de “Los Grifos” (plaza del Sevillano). Después estuvieron en el prostíbulo de Isabel Molina, que fue vista más tarde en la propia puerta de la casa de Julio en compañía del mismo, como declaró el testigo Isidoro Nájera”

     

        Tras comprobar las cuartadas de los imputados, tres de los mismo fueron puestos en libertad, cayendo así todas las sospechas en “El Botero”, “El Gómez” y “El Lorquino”. Varias contradicciones en los interrogatorios ante la policía y el juez les hacía principales sospechosos. Pero siempre mantuvieron su inocencia, tan sólo su amistad y el haberle acompañado la noche del asesinato a su vivienda.

        Pasaron los meses y la investigación no avanzó. No se encontraron huellas en la escena del crimen, los testigos cambiaron varias veces sus versiones, y la defensa llevada a cabo por un prestigioso abogado aún les hacía estar mas cerca de su libertad.

        Pese al tiempo y la presión mediática, las autoridades no quisieron cometer ningún error, ya que en la memoria de todos estaba aún el “Crimen de Cuenca”. Donde dos personas fueron condenadas a muerte por el asesinato de un conocido (conocido que apareció años más tarde vivo, demostrándose la inocencia de los ajusticiados bajo tortura, sin pruebas y sin cadáver)

         El 30 de mayo de 1927, finalmente los tres imputados fueron puestos en libertad por el juez ante la falta de pruebas, quedando así como un crimen sin resolver. El crimen de “La Calle de La Piedra”

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